CARTA A MERCEDES Y SANTIAGO MONGE PLAZA

Hace unos años, cuando yo era un estudiante universitario, hice una pasantía con su papá.  Inmediatamente hicimos clic e inició una de las experiencias más increíbles de mi vida. Yo estaba pasando por un muy mal momento y estar junto a César fue uno de los mejores remedios. Era imposible estar triste si estaba cerca de su risa contagiosa y del placer que causaba verlo cumplir su propósito de vida ayudando a los demás con alegría, honestidad y perseverancia mientras que recorríamos el Ecuador. 

El propósito de su papá -y creo que también su deber- fue su incansable lucha por un país con igualdad, justicia, libertad y progreso. Dentro de la tragedia de su pronta partida, existe la satisfacción de saber que tuvo la felicidad de ver su inmenso esfuerzo dar frutos trascendentales, siendo ustedes dos -Mercedes y Santiago- los más importantes. A las finales, todo lo que hacía por el país, lo hacía por ustedes y su futuro. Durante el tiempo que compartí con él, no había día que no me cuente y enseñe fotos de sus vidas delatando el sacrificio que significaba para él las noches que tenía que pasar lejos de ustedes. 

A los que lo conocimos personalmente, nos quedan recuerdos y enseñanzas maravillosas que pudimos compartir y aprender. A los que no tuvieron la oportunidad de conocerlo personalmente, les queda el gran ejemplo público de luchar por lo que uno sueña. En sus propias palabras: “La pelea es peleando”. Lo que estoy tratando de contarles es que su papá era lo más bacán del mundo. César fue un héroe que tuvo la valentía de hacer las cosas bien sin esperar nada a cambio. Gracias a él, los ecuatorianos tenemos un mejor país. Lo vamos a extrañar mucho.